Los cenotes de Cuzumá, toda una experiencia en Yucatán (México)

En uno de esos viajes en los que se pretende abarcar lo más posible en la cantidad de tiempo disponible, pasamos casi dos días en el estado de Yucatán, México. El plan original era hacer una visita un tanto apretada y exprés a Las Coloradas, pero resultó que el bus que queríamos tomar no salía en el horario que habíamos visto desde Mérida y un par de personas nos dijeron que hacerlo en una jornada era casi imposible.

Así que de pronto estábamos con todo un día libre en la Terminal de Buses Noreste de Mérida. El conductor de Uber nos había recomendado ir a los cenotes de Cuzamá, a una horita de allá en bus, y el transporte salía dentro de un rato.

Nos convenció, compramos los tickets en el momento (MX$ 24) y esperamos recorriendo el mercado San Benito.

El trayecto en la ruta fue agradable, nada fuera de lo normal. La aventura arrancó cuando nos bajamos y vimos que teníamos que ir hasta el parador turístico en estos moto taxis manejados por chicos que no hablaban mucho español:

Seguridad aparte, fue hermoso ir sintiendo el aire en la cara así.

Llegamos y nos encontramos con los tan nombrados trucks, que muy lejos estaban de mi concepto mental de camión: eran unos carritos muy sencillos tirados por caballos que iban por las vías que originalmente se usaban para transportar la fibra vegetal del henequén.

Cada vagoncito puede llevar hasta cuatro personas y tiene un valor entre 350 y 400 pesos mexicanos por un recorrido de tres horas que incluye la visita a tres cenotes.

Acá tengo que cortar un poco el tono informativo y confesar que me subí sintiendo mucha pena por el animal que entregaba toda su energía en llevarnos. Cuando bajé al primer cenote, el Santa Cruz, este sentimiento se juntó con la soledad del espacio bastante cerrado y lo increíble de esa naturaleza impensada en un combo emocional explosivo.

Después de un rato de sensaciones, fotos y exploración, nos fuimos por esta escalera:

La realidad es que no me acuerdo el nombre del segundo cenote, era totalmente cerrado y había que bajar un buen número de escaleras empinadas para entrar del todo.

Volvimos al transporte y nos dedicamos a contemplar el camino. Iba pensando en cómo sería la vida de la gente que transitaba las mismas vías con fines textiles y me sentí en otra época, rodeada de vegetación, en el medio de «la nada», sin señal en el celu…

Por último, llegamos al cenote más amigable para tirarse a nadar y hacer snorkel: Chelentún. Al ser semiabierto, la luz del sol resaltaba el color del agua:

Y, junto a las raíces de las plantas que rodeaban la abertura, se formaba una postal ideal como cierre de nuestro recorrido.

Volvimos hacia el punto de partida de los trucks y los chicos de la moto taxi nos estaban esperando para llevarnos al pequeño centro del pueblo, desde donde partían las combis y buses hacia Mérida. Muy simpático el ambiente.

Siguiendo a los locales, volvimos a la ciudad en una combi que costó unos pesos menos que el bus, salió antes y nos dejó en la puerta de la terminal.

Como titulé este post, la visita a Cuzamá fue toda una experiencia, movió varias cosas adentro mío, no sólo una admiración estupefacta de la belleza ante esas «cuevas» mágicas, sino también sentimientos intensos de empatía, algo de tristeza, amor, algún tipo de miedo y disfrute.

Si creen que pueden con todo eso, es algo que merece cinco horas de sus vidas en la península de Yucatán.

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4 Respuestas

  1. Ireny dice:

    Me encantaría ir a los cenotes! Pero los abiertos o semi ya que los totalmente cerrados me dan un poco de miedito. Comparto la pena por los caballos ???? tendrían que llevar a la gente de otra forma. Muy hermosos los paisajes

  2. Guillermo dice:

    Muy linda excursión Cin, lastima el tema de la tracción a sangre, atrasan siglos, similar a los burros de Santorini.

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