La Última Cena de Leonardo da Vinci en Milán (hay que reservar las entradas con mucha anticipación)
Durante nuestro viaje por el norte de Italia había una visita que teníamos pensada desde hacía varios meses: ver La Última Cena de Leonardo da Vinci en Milán. Cuando decimos varios meses, es literalmente así. Nosotros compramos las entradas a fines de marzo para visitarla el 13 de agosto, algo más de cuatro meses antes.
Este es probablemente el consejo más importante del artículo: si quieren conocer La Última Cena, hay que organizarse con mucha anticipación. Las entradas son limitadas y no es una visita para dejar para cuando uno ya está en Milán. Conozco muchas personas que se quedaron sin poder verla.
Vamos a los detalles de la experiencia.

La Última Cena está en Santa Maria delle Grazie
La obra se encuentra en el antiguo refectorio del convento de Santa Maria delle Grazie, exactamente en el lugar donde Leonardo da Vinci la realizó entre 1495 y 1498. No estamos frente a un cuadro que fue trasladado posteriormente a un museo. La pintura está realizada directamente sobre la pared y tiene unas dimensiones impresionantes de 4,60 metros de alto por 8,80 metros de ancho.

Desde 1980, La Última Cena y Santa Maria delle Grazie forman parte del Patrimonio Mundial de la UNESCO.

Las entradas hay que comprarlas con tiempo
La cantidad de personas que pueden visitar la obra está muy controlada. Por motivos de conservación, cada visita dura solamente 15 minutos y pueden ingresar un máximo de 40 personas por turno. Por eso recomendamos prestar atención a la disponibilidad apenas tengan definidas las fechas del viaje.

En nuestro caso, como dijimos, la entrada del 13 de agosto la compramos a fines de marzo. Y una vez que conseguimos ese horario, organizamos el resto de nuestra visita a Milán alrededor de esta reserva. Las entradas se pueden comprar a través de la plataforma oficial del Cenacolo Vinciano.


El ingreso nos llamó mucho la atención
Una parte interesante de la experiencia comienza incluso antes de encontrarnos frente a la pintura. El acceso es extremadamente controlado. No entramos directamente desde el exterior al lugar donde se encuentra. Primero vamos pasando por diferentes sectores separados mediante puertas que se abren y cierran sucesivamente.


Entramos a un espacio, se cierra la puerta detrás nuestro y recién después se abre la siguiente. La sensación es casi la de pasar por una serie de esclusas (yo que soy viejo, me hace pensar en el Super Agente 86). Además de eso, no te dejan entrar con nada de comida ni bebidas. Incluso tenés que dejar el agua si tenés. Antes de entrar, tuvimos que validar los tickets con una identificación y en el mismo lugar tienen lockers por si querés dejar algo.

Todo esto tiene una explicación simple, La Última Cena es una obra extremadamente delicada y las condiciones ambientales dentro del refectorio deben mantenerse lo más controladas posible. Leonardo utilizó una técnica de pintura sobre seco que resultó mucho más frágil que la de un fresco tradicional. Con el paso de los siglos esto obligó a realizar enormes trabajos de conservación y restauración.

Finalmente, frente a La Última Cena
Después de atravesar todo ese procedimiento, se abre la última puerta y finalmente aparece La Última Cena. Y verla personalmente es muy diferente a las miles de reproducciones que conocemos principalmente por sus dimensiones.
La pintura representa el momento posterior al anuncio de Jesús de que uno de sus discípulos lo traicionará. Leonardo puso especial atención en las reacciones, gestos, movimientos y expresiones de cada uno de los personajes, algo que resulta muy interesante observar estando frente a la obra.

Tenemos solamente 15 minutos, pero al ingresar únicamente 40 personas por turno se puede apreciar bastante bien. Y creemos que ese límite también hace que la experiencia sea mejor que la de otras grandes obras donde tenemos cientos de personas intentando acercarse al mismo tiempo. Recuerdo la mala experiencia en el Louvre de París.
Una visita corta que hay que preparar con meses de anticipación
Después de 15 minutos hay que salir y comenzar el proceso para permitir el ingreso del siguiente grupo. Puede resultar curioso: reservamos con más de cuatro meses de anticipación para una visita que dura apenas un cuarto de hora. Pero para nosotros valió totalmente la pena.

Además de ver una de las obras más importantes de Leonardo da Vinci, resulta interesante conocer todo el sistema que existe alrededor de ella para permitir que podamos seguir visitándola más de 500 años después. La información sobre la obra y las condiciones de visita está publicada en la web oficial del Cenacolo Vinciano.

Y nuevamente nuestra principal recomendación: si tienen pensado visitar Milán y quieren conocer La Última Cena, busquen las entradas con varios meses de anticipación. Nosotros las compramos a fines de marzo para agosto y fue una de las primeras reservas que dejamos cerradas para este viaje.
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TUve la suerte de ir en 2022. Y mi mejor sugerencia a todos los que van a visitar y admirar esta gran obra es que se bajen en el celu la App, y lleven auriculares, ya que (al menos en esa oportunidad estaba vigente) al enfocar el celu a la obra no sólo hay una explicación muy detallada sino que se despliegan las diagonales e imágenes que convierten la visita en “algo más”
Pudiste en Pandemia Ana?
En 2022 ya se podía viajar!!!
Cuánto está la entrada?
Lo pusimos en la foto. Salió 15 euros
Estuve en el 2015 y estaba prohibido sacarle fotos. Incluso la reserva de entradas y el pago se hacía solo por teléfono. Valen la pena esos 15 minutos!
Ahora fotos nos hay problemas (sin flash)