Una clase de caligrafía japonesa (shodō) en Tokio

Una de las actividades que quería hacer sí o sí en Japón era tomar una clase de caligrafía japonesa, shodō (書道). Shodō significa «camino de la escritura» y refleja el modo en que se concibe el aprendizaje de este arte: un recorrido, algo que no aprendemos de un día a otro, sino que vamos perfeccionando y dominando a lo largo del tiempo.

Con esto en mente, es claro que mi primera clase en Tokio fue apenas una introducción y que todavía estoy muy al comienzo del camino.

Dónde tomamos la clase de caligrafía japonesa

Gracias a la coordinación del Tokyo Convention & Visitors Bureau, dimos con un hermoso proyecto en Yanaka, al norte de la ciudad, donde combinan el café con clases de shodō, gastronomía, ikebana y más.

La ubicación exacta es 〒110-0001 Tokyo, Taito City, Yanaka, 3 Chome−13−7 YANESEN y el barrio es precioso para quedarse paseando un rato.

Nuestra clase de shodō

Éramos dos personas y tomamos una clase privada en idioma inglés. Comenzamos aprendiendo algunas expresiones japonesas de cordialidad para el inicio de una clase y entramos de lleno en la terminología del shodō.

Por una parte, los tres tipos de caracteres: kanji, hiragana, katakana. Por otra, los tres elementos clave en la caligrafía: fude, hanshi, bunchin.

A continuación, llegaron los primeros trazos: ichi (uno), jū (diez), ki (árbol) y hon (libro). Lo importante es que la profe nos iba corrigiendo con bastante rigor, haciendo que mejoráramos el modo de ubicar el pincel, así como el apoyo al final y al comienzo de cada trazo (en mi mente argentina, «el firulete»).

Con las bases más o menos aprendidas, nos metimos con los kanjis, caracteres más complejos con significado propio. Teníamos un librito con más de veinte para elegir, cada uno con el orden numerado a seguir y su significado en inglés.

Fue hermoso sumergirse en este mundo tan desconocido, y también desafiante. En la escritura con pincel no se permite corregir o sobrescribir lo que hacemos, así que cada chance era única.

Finalmente, ya habiendo hecho una buena cantidad de kanjis, elegimos uno y lo plasmamos en un Shikishi, un tipo de tablero rígido hecho de papel de arroz laminado con bordes dorados. Luego cambiamos de pincel y lo firmamos con nuestro nombre en japonés. El broche de oro fue el sello de la profe certificando nuestra hazaña.

Aunque la clase fue de una hora, se me pasó volando. Quería exprimir cada segundo para llevarme los rudimentos de este arte y seguir practicando en casa. Gracias al Daiso, pudimos traernos hojas de práctica, tinta y set de pinceles por menos de 400 yenes 😉

Agradecemos a nuestra profe y al equipo del YANESEN Tourist Information & Culture Center por recibirnos tan bien. Si andan por allá, no dejen de tomarse un kō hī en el jardín también.

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2 Respuestas

  1. Sergio dice:

    Excelente experiencia. Nunca se me hubiera ocurrido, pero veo que es muy interesante, lo voy a tener en cuenta. Felicitaciones y gracias por compartir estas experiencias no tan comunes.

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