Viejo Hotel Ostende – Más de 100 años de historia en la Costa Atlántica

Gracias a la colaboración del personal de la propiedad, hoy visitamos el Viejo Hotel Ostende. El mismo se encuentra en la ciudad homónima en la costa atlántica de Argentina.

El hotel, inaugurado en el año 1913, mantiene parte de su arquitectura original. Todavía se encuentra cerrado, esperando la llegada del verano para su apertura.

Además de la zona de habitaciones antiguas (las cuales no tienen teléfono ni televisión por elección propia), las habitaciones modernas cuentan con placares en vez de roperos. La piscina del hotel posee una maravillosa vista del jardín. En la actualidad, el hotel cuenta un balneario propio a 150 metros.

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Leamos la historia del Hotel en palabras de sus responsables:

Para bucear en la historia del Viejo Ostende, es necesario remontarse al siglo XIX. La zona pertenecía a don Martín de Álzaga, casado con Felicitas Guerrero, una bella joven de la alta sociedad porteña. A la muerte de don Martín, en 1870, Felicitas heredó sus tierras y con ellas las estancias Bella Vista, La Postrera y Laguna de Juancho. Pero Felicitas muere en 1872, víctima de un drama pasional.

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Imagen de Filicitas

Al no tener descendencia, las tierras pasan a ser propiedad de su padre, don Carlos Guerrero, y a la muerte de éste y de su esposa, Felicitas Cueto, los siete hijos del matrimonio heredan los campos. De la subdivisión realizada en 1886, los 25 km de playas y médanos costeros quedan divididos entre las estancias Martín García, La Invernada, El Rosario y Manantiales, propiedad de Manuel y Enrique Guerrero. Poco tiempo después, las tierras pasan a manos de José Guerrero.

En 1908, el Ferrocarril del Sud habilita una parada ferroviaria con el nombre de Estación Juancho dentro del campo de José Guerrero, a unos 29 km del mar. La zona, desde General Madariaga hasta Ostende, se denominaba Montes Grandes de Juancho y estaba habitada por enormes e indómitas dunas.

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Vieja entrada del hotel

@Infoviajera.com

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Entonces, los pioneros Ferdinand Robette (belga) y Agustín Poli (italiano) decidieron comprar una fracción de 14 km2 de dunas. Los belgas, nostálgicos, llamaron Ostende al lugar, pues les recordaba al balneario del Mar del Norte. De allí venían, y buscaron desarrollar un proyecto urbanístico similar a los balnearios europeos.

Ya en el proyecto original estaba previsto un hotel de más de 80 habitaciones, el Hotel Termas (que luego se convertiría en el Viejo Hotel Ostende) y cuya construcción comenzó en 1913. Ofrecía amplios salones, espacios para juegos, lectura y esgrima, fábrica de pastas y repostería, restaurantes y jardines de invierno.

La llegada al hotel formaba parte de la aventura. Un tren partía de la estación Constitución hasta la estación Juancho. El viaje proseguía en volantas hasta la Colonia Tokio, donde comenzaban las dunas y se transbordaba a un pequeño tren de vías móviles (decauville) que llegaba a destino. Sin embargo, la naturaleza indómita de las dunas complicó el sueño del balneario. Se inició un plan de forestación pero su éxito no duró demasiado y, pronto, varias edificaciones quedaron bajo la arena. Finalmente, la compañía abandonó el proyecto. Como testigos quedaron los dos pilares de la antigua rambla, a la altura de la actual Hostería Rambla; la casa del fundador de Ostende, Ferdinand Robette (hoy Casa Fasel), la Villa Soldaini; una casa de retiro espiritual utilizada por monjes de la orden salesiana y la construcción más importante de todas: el Viejo Hotel Ostende.

Contaba don Carlos Gesell que, en 1931, al llegar por primera vez a Ostende, tuvo que ingresar al primer piso del edificio por una pasarela de tablones, ya que la arena tapaba completamente la planta baja y los alrededores, aunque, pese a ello, el hotel seguía funcionando. Las crónicas de los visitantes cuentan que muchas veces tenían que salir o entrar por las ventanas, lo que añadía un toque de diversión a la estadía, sobre todo para los niños.

El VHO estuvo desde siempre ligado a la literatura y es asiduamente visitado por escritores y lectores que encuentran aquí tanto la tranquilidad como el misterio necesarios para dejarse llevar. Se conserva intacta la habitación 51 de la torre en la que se alojó el escritor francés Antoine de Saint Exupery, autor de El Principito, quien se hospedó en el hotel durante dos veranos consecutivos a principios del siglo XX.

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Habitación Museo 51

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Los escritores argentinos Adolfo Bioy Casares y Silvina Ocampo conocieron el hotel en la década de 1940 y se inspiraron en este entorno para escribir su novela policial Los que aman, odian, en la que el VHO aparece como una imagen fantasmagórica entre las dunas, suscitando todo tipo de fabulaciones.

Los viajeros que han disfrutado sus veraneos en el Viejo Hotel Ostende también tienen historias fascinantes para contar. El hotel continuamente recibe cartas, recuerdos y agradecimientos de quienes han pasado en él momentos inolvidables. Un hombre, por ejemplo, cuenta que nació en el Hotel el mismo día que una ballena quedó varada en la playa (la quijada del animal está expuesta en una galería del primer piso). Un pionero, hijo de uno de los albañiles que levantaron el hotel, relata que su hermana Rosa fue la primera mujer nacida en el hotel y que estuvo a punto de llamarse Ostendina. Una veraneante de los años treinta recuerda a un matrimonio que se sentaba a la mesa con su can y exigía al personal que al perro le sirvieran su comida en la vajilla del hotel como a cualquier otro comensal.

Estas y muchas otras anécdotas fueron trazando el perfil de nuestro Hotel, que no sólo no pierde vigencia, sino que gana en estilo, tradición y voluntad permanente de renovación.

Al atravesar sus puertas es sencillo e inevitable viajar hacia el pasado, perderse en él y regresar rápidamente al presente para disfrutar la sombra del patio junto a la pileta, con la cuota justa de nostalgia.

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Actual piscina del hotel

Podemos cerrar la nota diciendo que, al estar en el lugar, uno no puede dejar de imaginar la vida en esa época.

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Micro cine

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Salón Comedor

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Fotografías antiguas

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Jardines del hotel

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Fuente: web del VHO

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6 Respuestas

  1. Mónica dice:

    Muy lindo post, gracias!

  2. Florencia dice:

    Muy buena info y muy buenas fotos!

  3. Qué lindo. Lo hace a uno pensar cómo era en esa época. Conozco la historia del libro, de mi secundaria, aunque confieso no lo leí completo y las fotos me ilustraron muchas situaciones. 🙂

  4. Betty Betty dice:

    cuánto cuesta una habitación doble en temporada baja?

  5. Enriviajero dice:

    Yo estuve en el hotel Ostende cuando empezó a ser reciclado. La piscina es una de esas muestras. fue en el año 1984, y creo que dos o tres años después. La atención siempre fue muy amable. Ya no quedaba nadie del los belgas, pero el dueño de esa época tenía grandes ideas. Una de ellas, además de la modernización de las habitaciones, sin alterar el estilo exterior, al igual que los hoteles europeos, y otra conseguir una concesión para balneario del hotel, ya que la playa se encontraba a una cuadra del hotel, y todos sabemos que 100 ms en vacaciones no es nada.
    Me trajo muy buenos recuerdos, y no sé si la familia Salpeter sigue siendo propietaria. Si es así. Les mando un gran saludo, y que sepan que los recuerdo gratamente.

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